domingo, 29 de noviembre de 2015

PRIMERAS VÍCTIMAS DEL FRÍO Y LA ALTURA

ABRIL 24

La diana de este día ha sido triste y luctuosa por demás.

Un soldado del batallón Linares ha sucumbido la noche antes al pie de su bandera y en defensa de sus principios. Víctima de una pulmonía fulminante, cayó entre los suyos para no levantarse más.

Una ancha fosa cavada en medio del desierto ha recibido sus despojos; el batallón a que pertenecía, formado en filas de a dos y al compás de fúnebre marcha tocada por la banda, desfila alrededor de la tumba para despedirse del amigo y del compañero...

Pero todavía hay otra víctima. Otro soldado del mismo cuerpo dejó también de existir la noche de ayer. Venía en las carretas que conducen los enfermos y no alcanzó a ir más allá.

A las 5 A. M. seguimos adelante la penosa peregrinación. A las 2.30 P. M. estamos en Paso Angosto. Aquí se ejecuta la tarea diaria: matar bueyes, recoger agua para llenar los fondos, leña o chamisas para encender el fuego con que se ha de cocer el cotidiano rancho. ¡Bien pesada tarea para los oficiales y soldados que están encargados de este necesario trabajo, pues son los únicos que no tienen un momento de reposo!





ABRIL 25

A las 6 A. M., al hombro las cacharpas y de nuevo adelante. Hoy debe acampar la división en Rodero.

Don Pedro José Vega recibe orden de adelantarse para llegar a Jujuy y preparar el alojamiento de la tropa, confiándosele a la vez otras comisiones de importancia.

Yo solicito acompañarlo y nos desprendimos de la división al trote de las mulas.

En Negra Muerta nos detenemos para almorzar siguiendo para Humahuaca donde llegamos a las 6 P. M. después de caminar 15 leguas consecutivas. Esta población, que tiene como ocho cuadras de largo por cuatro o cinco de ancho, con calles rectas y edificios construidos de adobes, mantiene un regular comercio sostenido por los habitantes de la campiña que se extiende a sus alrededores.

En la única y estrechísima plaza que allí existe, se levanta la iglesia parroquial que ostenta un bonito frontis y coronan dos elegantes torres.

Tuve ocasión de ser presentado al cura, que lo es un excelente clérigo español quien, a la vez que el Comisario, primera autoridad de Humahuaca, don Anselmo Figueroa, nos dio la noticia de haber llegado el día antes al lugar un grupo de italianos que, bajo el disfraz de mercachifles, eran agentes de los revolucionarios chilenos y encargados de distribuir entre nuestros soldados algunos miles de proclamas impresas, de las que el señor comisario me obsequió un ejemplar que había llegado a sus manos.

En ella se invita a los nuestros a la deserción, al desbande, ofreciéndoles en cambio la libertad... de saquear las poblaciones de tránsito.

En posesión de esta noticia, mandamos aviso al coronel Camus para que tuviera cuidado con los mercachifles italianos y para que, caso de que los tales llegaran al encuentro de la división, estuviera prevenido a fin de recibirlos como lo merecen.

Ha llamado grandemente mi atención la circunstancia de que tanto las oficinas públicas de este lugar, correos y telégrafos, como las de otros pueblos argentinos, las casas de comercio y las habitadas por particulares, no usen para su alumbrado nocturno otra cosa que la primitiva vela de sebo, al mismo tiempo que gastan fósforos de cera, y no conocen el de palo, lo que necesariamente forma un contraste por demás notable.


ABRIL 26

A las 8 A. M., caballeros en nuestras cansadas mulas, abandonamos Humahuaca en dirección a Tilcara, distante diez leguas, donde llegamos a las 3 P. M.

Hemos dejado atrás los caseríos de Tres Cruces, Entre Ríos, Uquia, Yaracoste, Huacalera, Chucalesna, Cieneguilla y otros.

Tilcara es una linda población, cuyas blancas casas divisa el viajero desde una legua de distancia salpicando la falda de una verde y pintoresca colina que se alza sobre las riberas del río Humahuaca.

Con muestras de la más cariñosa confraternidad nacional, nos recibe en el pueblo nuestro compatriota don José Ramírez, que se encuentra aquí establecido desde treinta años atrás, ocupado de las labores agrícolas de un fundo de su propiedad.

El señor Ramírez, su distinguida esposa doña Pabla Bustamante y su cuñada doña Isabel, nos prodigan toda clase de atenciones y nos ofrecen hospitalario techo.

A poco de llegar a Tilcara recibimos la visita del intendente de la policía de Jujuy, señor N. Alviña que, acompañado de dos ayudantes y cuatro ordenanzas, ha venido para encontrar la división.

Al habla con él me dice que un número considerable de opositores chilenos se ha constituido en Jujuy con el deliberado propósito de arrancar el mayor número de soldados a nuestras filas, empleando para ello las proclamas subversivas, la peroración de viva voz, el ofrecimiento de dinero, etc., etc., y que se consideran seguros del éxito.

Después de escuchar al señor Alviña, me limité a contestarle que, una vez él en presencia de la división Camus, podría juzgar por sí mismo si los individuos que la componen serían capaces de aceptar el cohecho o el soborno.

Invitado más tarde para concurrir a una tertulia que una distinguida familia argentina ofrecía al intendente de Jujuy, me excusé de concurrir a ella por sentirme atacado de una grave afección a la garganta que me molestaba desde dos días atrás. En cambio, los amigos Vega y Ramírez concurrieron a ella, dejando, como no podía menos de suceder, bien plantado y muy en alto el querido pabellón de Chile.


ABRIL 27

A las 9.30 abandonamos el bonito pueblo de Tilcara y la hospitalaria casa del compatriota Ramírez, donde la noche anterior su esposa y su arrogante cuñada se constituyeron en mis más cariñosas enfermeras, propinándome, con caridad sin igual, cuanto medicamento requería mi estado.

Consigno aquí este recuerdo como demostración de mi sincero reconocimiento. No siempre se encuentra en poblaciones extrañas, personas que de tal manera practiquen el bien, cual lo hicieron conmigo los miembros de la familia del señor Ramírez.

Maimará, Bellavista, Cieneguilla, Tagta, Ingahuasi, Tunalito, Santa Rosa, Purinamarca, Chañar, Mollipunas, Corpos, Tumbaya, Huajal, Coiruro, son los nombres de los fundos o pequeños caseríos que hemos atravesado para llegar a Volcán a las 5 P. M., después de una caminata mayor de diez leguas y después de cruzar un centenar de veces el río Humahuaca, cuyas aguas, a pesar de ir montados, nos mojaban más allá de los tobillos.

El Volcán pretendimos come y pasar la noche; pero el administrador de este fundo, uno de los más valiosos de la provincia de Jujuy, con notable descortesía, se negó a nuestros deseos.

Seguimos adelante con la esperanza de tender nuestros huesos en la población vecina denominada Río león, pero sus habitantes a nuestro paso sabiendo que el amigo Vega y yo éramos chilenos, cerraban sus puertas y se escondían a gran prisa.

¡Dos individuos indefensos causamos pavor a una población argentina por el sólo hecho de ser chilenos!

Ateridos por el frío, mortificados por el hambre y el cansancio y tomando en consideración la inhospitalidad de aquellos parajes, resolvimos marchar directamente hasta la ciudad de Jujuy, donde, después de mil penalidades, llegamos a la 1 A. M. del siguiente día, demandando alojamiento en el primer hotel que encontramos a nuestro paso.

Después de salir de Volcán atravesamos por la Falda, Chorrillos, León, Yutumayo, Lozano, Los Sauces, Yala, San Pablo, Río Reyes, Molinos, Burro Mayo, Huaicondo, La Tegería y Tablada, sin que nadie se compadeciera de dos pobres viajeros, no importa que uno de ellos invocara la grave enfermedad que lo aquejaba.


ABRIL 28

Hemos amanecido en Jujuy.

El amigo don Pedro J. Vega se dedica al desempeño de las comisiones que se le han confiado y yo a buscar médicos que atajen los progresos de la angina membranosa que me ha atacado.

Francamente tengo miedo de dejar mi pellejo en tierra extraña y lejos de los míos. Sería la primera vez que tal cosa me pasara.

Me dicen que a la 1.30 P. M. ha llegado la división a La Tablada, una y media legua distante de esta ciudad, donde deberá acamparse hasta que podamos seguir viaje a Mendoza.


ABRIL 29

Hoy ha llegado a ésta don Enrique Villegas con el personal de empleados civiles de Antofagasta.


Sabedor del estado de mi salud, se ha apresurado a visitarme, enviando después y a cada momento a informarse de ella, por lo que le quedo agradecido.

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