MARZO
31
El coronel
Flores recibe un telegrama de ex coronel chileno don Adolfo Holley pidiéndole
se acerque a la frontera para celebrar una conferencia.
El
pundoroso jefe boliviano accede a la petición del revolucionario y me dicen
marchará hoy a Ollagua o a Ascotán a las 4 P. M.
A cada
momento recibimos cariñosas manifestaciones de simpatía de distinguidos
caballeros bolivianos y del comercio extranjero. Sólo los chilenos, nuestros
compatriotas, que como a tales debían tratarnos en territorio extranjero, nos
ofrecen molestias e incomodidades.
¡Son
hermanos extraviados y hay que perdonarlos!
¡Ya saldrán
del error en que yacen sumidos y volverán a ver la luz de la razón!
ABRIL
1º
No he
visitado aún el campamento de Posta Vieja, pero me aseguran que la tropa está
perfectamente alojada y muy bien mantenida. Todos están contentos y esperando
la orden de continuar el viaje.
El coronel
Flores no ha regresado aún de su expedición.
Se asegura
que la conferencia ha tenido o tiene lugar en Ascotán a pesar de haber avanzado
Holley hasta Ollagua.
ABRIL
2
Deseo ir al
campamento, pero a la vez creo servir mejor los intereses de la división
permaneciendo en la ciudad.
A las 12 A.
M. llega de Ascotán el coronel Flores y dándome algunas trazas alcanzo a
comprender algo de lo que pasó en la conferencia.
Holley
presentó como su secretario a Jorge Boonen Rivera y éste, apenas reconocido en
tal carácter, largó la sin hueso.
Dice que
pidió a nombre de su jefe Holley, y a nombre de la escuadra, y a nombre de la
delegación del Congreso y a todos los nombres que se le ocurrió, la entrega
inmediata e incondicional de las fuerzas que componen la división Camus, con
sus armamentos, municiones, mochilas y hasta camaradas por cuanto esas fuerzas no podían asilarse en un país
neutral.
¿En razón
de qué? Lo ignoro.
Dice que el
coronel Flores, con esa cachaza propia del viejo soldado y del sagaz
diplomático, contestó a esta petición ofreciendo paso franco a las tropas de
Holley las que, previo desarme, podrían avanzar hasta el campamento de las de
Camus, donde a cachazo limpio y moquete
tendido, podrían obligarlas a regresar a Antofagasta.
Parece que
ni Holley ni su secretario Boonen aceptaron tal proposición y pasaron adelante.
Dice que a
renglón seguido pidieron sólo la entrega del armamento y municiones, sin
mochilas y sin camaradas.
Flores dijo
que nones.
- Que el armamento
fuera retenido, en último caso, hasta finalizar la contienda civil en Chile.
- Lo consultaré con
mi Gobierno, repuso el sagaz Flores.
Y siguieron
las peticiones, a cuál más descabellada, cuyas aceptaciones y negativas no me
fue posible averiguar.
ABRIL
3
Por primera
vez he ido al campamento a visitar a los buenos amigos y compañeros de la
división, muy principalmente a los caballerescos jefes y oficiales del batallón
Mulchén.
Todo el
mundo está contento y anhelan suene la hora de ponerse de nuevo en camino para
llegar pronto al seno de la patria y ofrecer su sangre y sus....
(FALTAN DOS
PÁGINAS)
El coronel
Flores, vivamente emocionado ante esta, para él, inesperada manifestación de
patriotismo y lealtad, continuó:
“Bien; veo
que estáis satisfechos, que era lo que deseaba.
Ahora
recibid el abrazo fraternal de despedida que os doy a mi propio nombre y al del
pueblo boliviano, a quien represento.
Adiós,
amigos y camaradas”.
A la
conclusión de este sobrio discurso militar, la tropa prorrumpe en nuevos y
atronadores vivas a Bolivia, Chile, a Balmaceda. Flores y Camus.
Enseguida
el distinguido jefe boliviano se encamina al frente de cada uno de los cuerpos,
dirigiéndoles iguales o parecidas palabras, que son contestadas exactamente
como en el Buin, produciendo los mismos vítores y aplausos.
Al llegar
al frente del batallón Mulchén el coronel Flores me pide el nombre de este
brillante cuerpo, que me apresuro a darle; mas, en el momento de comenzar su
peroración, cambia la acentuación del nombre y dice con arrogante voz: ¡Soldados del Múlchen! Lo que produjo por
el momento ciertas sonrisas y más tarde que el batallón que comanda mi amigo
José Fidel Bahamondes perdiera en la división su nombre de pila, para pasar de
Mulchén a Múlchen.
Si no que
lo diga el bravo Anacleto Lagos, a quien le endilgo este recuerdo.
Una vez
terminado este acto de galantería internacional, que produjo profunda a la vez
que grata emoción entre los presentes, el coronel Flores y sus ayudantes fueron
invitados a beber una copa bajo los corredores de la casa de Posta Vieja.
Servidos en
tiestos de campaña fue bebida la primera en honor de Bolivia por el señor
Loyola, cajero fiscal de Antofagasta a quien contestó el coronel Flores.
Sucedieron a éste en el uso de la palabra don Lisandro Vignes, sargento mayor
de la brigada de artillería, Vicente Hidalgo, de la misma clase del 4º de línea
y el comandante don Casto J. Suárez, boliviano.
Todos los
discursos abundaron en sentimientos del más acendrado patriotismo y en los de
especial gratitud por el digno comportamiento del Gobierno y autoridades
bolivianas, al brindarnos en su suelo noble y generosa hospitalidad.
De regreso
a la ciudad, el coronel Flores y sus ayudantes, el coronel Camus y los suyos y
algunas otras personas fuimos invitados a comer en el hotel Baubillard.
A los
postres hacen uso de la palabra los coroneles Flores y Camus, Juárez Juttrrig,
primer jefe de la columna Uyuni, Herrera Gandarillas, comandante del Linares,
González, secretario de Flores y el autor de estos apuntes.
Se bebe por
Chile y Bolivia, por los jefes allí presentes y por la confraternidad
americana, con tal tino y tal diplomacia que para nada se toca la actual
contienda política que divide a nuestro pobre Chile.
El señor
Juttrrig pidió de pie una copa especial para el digno Intendente de la
provincia de Antofagasta, don Enrique Villegas, ausente en esos momentos de
entre nosotros, recordando sus distinguidas dotes de caballero, de amigo y de
mandatario. Este brindis, que fue aplaudido con frenético entusiasmo, lo
contestó conmovido profundamente su hijo Eduardo, agradeciendo la manifestación
de simpatía de que era objeto su señor padre.
Dejo aquí,
en blanco, un punto de íntima confidencia
para que me lo recuerde alguna vez el amigo Vicente Subercaseaux.
Terminado
el banquete, nos encontramos a la salida del comedor con que varios chilenos
pretenden molestarnos aún.
¡Pobres
diablos!
ABRIL
5
Se ejecutan
los aprestos para la marcha.
Se ha
comprado una cantidad de mulas para el transporte de los jefes y oficiales,
conducción de cantinas de la ambulancia, equipos, víveres, etc., pero siendo
ellas insuficientes, se toma otras alquiladas.
A las 12,30
estamos listos y nos ponemos en camino.
Hemos
dejado atrás la ciudad de Uyuni y en ella a sus dignas autoridades, para quien
tendremos siempre un recuerdo de gratitud por su generoso comportamiento.
También han
quedado allí, y con un palmo de narices, los microscópicos representantes de la
revolución, desahogando en el fondo de las copas la rabia que les ha producido
el que no hayan podido dejar con ellos ninguno de nuestros soldados a quienes
con maña y pomposas ofertas procuraron seducir diariamente.
Ya sabrá el
generalísimo Canto que los soldados que defienden el país y la Constitución son
incorruptibles, y que en ellos no se reconoce otra palabra de orden que ¡honor y lealtad!
A las 9,30
P. M. llegamos a Amachuma, tambo o posta habitado por unos cuantos indios, que
nos han proporcionado vino y frutas diversas a precios exorbitantes y
recibiendo nuestras monedas con un 50% de diferencia.
En este
lugar acamparemos.
ABRIL
6
Anoche
y mientras nos entregábamos al sueño reparador de las fatigas del día, nos
sorprendió un fuerte chubasco de agua. Afortunadamente, aquello pasó luego, que
de otra manera nuestras pobres humanidades habrían sufrido regulares
desperfectos, pues no teníamos un mal techo bajo que guarecernos.
No
hemos podido avanzar hoy a causa de que no llegan las carretas que
transportaban los víveres y algunos rezagados de la marcha.
ABRIL
7
A
las 7 A. M. hemos dejado el campamento y a las 3.30 P. M. llegamos a Palcace.
Este
lugarejo es algo parecido a Ainachuma. Como allá, hemos encontrado algunos
indios con grandes provisiones de frutas.
El
jefe de la división obsequia a la tropa con abundante ración de uvas.
ABRIL
8
Salimos
de Palcace a las 8.30 A. M. La jornada de este día ha sido tremenda, pues sólo
a las 7.30 P. M. llegamos a Tambillo, habiendo quedado rezagada gran parte de
la tropa.
Nos
amenaza un frío glacial, superior talvez al de anoche que nos hacía dar diente
con diente. Por fortuna hay en el campamento abundante cantidad de leña con la
que se comienza a formar enormes fogatas.
Me
avisan que desde el trayecto de Uyuni a este campamento han fallecido cuatro o
cinco soldados que venían bastante enfermos.
¡Pobres
compañeros! Habéis encontrado prematura tumba en medio del desierto; pero el
suelo hospitalario de Bolivia guardará cariñoso vuestros restos, mientras la
nación chilena dará protección y consuelo a aquellos miembros de vuestras
familias que en vano aguardarán vuestro regreso.
ABRIL
9
El frío de
anoche fue terrible y el de la mañana infernal, y esto que hemos dormido en
medio de grandes fogatas y ajamonándonos
con el humo que ellas despiden.
Comienzan a
llegar los rezagados, pero no podemos continuar viaje hasta mañana, pues estos
tienen que descansar.
ABRIL
10
A las 7 A.
M. dejamos el campamento y a las 3.40 P. M. estamos en Atocha.
Este
lugarejo posee regular número de edificios construidos de adobe con techos de
paja embarrados.
En un
costado del pueblecito y al centro de una plaza estrecha e irregular se levanta
el santuario de la Virgen de Atocha, que los indios de treinta leguas a la
redonda veneran con especial adoración.
Un anciano,
que cuida del santuario, me dice que él fue erigido dos siglos atrás por un
coronel español de apellido López, cuyo retrato se conserva en la sacristía.
En una de
las capillas laterales me sorprendió la vista de cinco o seis calaveras
humanas, las cuales supe habían pertenecido a otros tantos gentiles benefactores del santuario, por cuya razón se les
conservaba insepultos en aquel sitio.
Atocha
pertenece al establecimiento minero de Guadalupe, y años atrás se beneficiaban
aquí los metales que producen las distintas minas que posee aquel
establecimiento, donde habremos de ir a acampar mañana.
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