domingo, 29 de noviembre de 2015

AMABLE ACOGIDA POR LOS BOLIVIANOS EN BOLIVIA

MARZO 31

El coronel Flores recibe un telegrama de ex coronel chileno don Adolfo Holley pidiéndole se acerque a la frontera para celebrar una conferencia.

El pundoroso jefe boliviano accede a la petición del revolucionario y me dicen marchará hoy a Ollagua o a Ascotán a las 4 P. M.

A cada momento recibimos cariñosas manifestaciones de simpatía de distinguidos caballeros bolivianos y del comercio extranjero. Sólo los chilenos, nuestros compatriotas, que como a tales debían tratarnos en territorio extranjero, nos ofrecen molestias e incomodidades.

¡Son hermanos extraviados y hay que perdonarlos!

¡Ya saldrán del error en que yacen sumidos y volverán a ver la luz de la razón!


ABRIL 1º

No he visitado aún el campamento de Posta Vieja, pero me aseguran que la tropa está perfectamente alojada y muy bien mantenida. Todos están contentos y esperando la orden de continuar el viaje.

El coronel Flores no ha regresado aún de su expedición.

Se asegura que la conferencia ha tenido o tiene lugar en Ascotán a pesar de haber avanzado Holley hasta Ollagua.


ABRIL 2

Deseo ir al campamento, pero a la vez creo servir mejor los intereses de la división permaneciendo en la ciudad.

A las 12 A. M. llega de Ascotán el coronel Flores y dándome algunas trazas alcanzo a comprender algo de lo que pasó en la conferencia.

Holley presentó como su secretario a Jorge Boonen Rivera y éste, apenas reconocido en tal carácter, largó la sin hueso.

Dice que pidió a nombre de su jefe Holley, y a nombre de la escuadra, y a nombre de la delegación del Congreso y a todos los nombres que se le ocurrió, la entrega inmediata e incondicional de las fuerzas que componen la división Camus, con sus armamentos, municiones, mochilas y hasta camaradas por cuanto esas fuerzas no podían asilarse en un país neutral.

¿En razón de qué? Lo ignoro.

Dice que el coronel Flores, con esa cachaza propia del viejo soldado y del sagaz diplomático, contestó a esta petición ofreciendo paso franco a las tropas de Holley las que, previo desarme, podrían avanzar hasta el campamento de las de Camus, donde a cachazo limpio y moquete tendido, podrían obligarlas a regresar a Antofagasta.

Parece que ni Holley ni su secretario Boonen aceptaron tal proposición y pasaron adelante.

Dice que a renglón seguido pidieron sólo la entrega del armamento y municiones, sin mochilas y sin camaradas.

Flores dijo que nones.
- Que el armamento fuera retenido, en último caso, hasta finalizar la contienda civil en Chile.
- Lo consultaré con mi Gobierno, repuso el sagaz Flores.

Y siguieron las peticiones, a cuál más descabellada, cuyas aceptaciones y negativas no me fue posible averiguar.

ABRIL 3

Por primera vez he ido al campamento a visitar a los buenos amigos y compañeros de la división, muy principalmente a los caballerescos jefes y oficiales del batallón Mulchén.

Todo el mundo está contento y anhelan suene la hora de ponerse de nuevo en camino para llegar pronto al seno de la patria y ofrecer su sangre y sus....

(FALTAN DOS PÁGINAS)

El coronel Flores, vivamente emocionado ante esta, para él, inesperada manifestación de patriotismo y lealtad, continuó:

“Bien; veo que estáis satisfechos, que era lo que deseaba.

Ahora recibid el abrazo fraternal de despedida que os doy a mi propio nombre y al del pueblo boliviano, a quien represento.

Adiós, amigos y camaradas”.

A la conclusión de este sobrio discurso militar, la tropa prorrumpe en nuevos y atronadores vivas a Bolivia, Chile, a Balmaceda. Flores y Camus.

Enseguida el distinguido jefe boliviano se encamina al frente de cada uno de los cuerpos, dirigiéndoles iguales o parecidas palabras, que son contestadas exactamente como en el Buin, produciendo los mismos vítores y aplausos.

Al llegar al frente del batallón Mulchén el coronel Flores me pide el nombre de este brillante cuerpo, que me apresuro a darle; mas, en el momento de comenzar su peroración, cambia la acentuación del nombre y dice con arrogante voz: ¡Soldados del Múlchen! Lo que produjo por el momento ciertas sonrisas y más tarde que el batallón que comanda mi amigo José Fidel Bahamondes perdiera en la división su nombre de pila, para pasar de Mulchén a Múlchen.

Si no que lo diga el bravo Anacleto Lagos, a quien le endilgo este recuerdo.

Una vez terminado este acto de galantería internacional, que produjo profunda a la vez que grata emoción entre los presentes, el coronel Flores y sus ayudantes fueron invitados a beber una copa bajo los corredores de la casa de Posta Vieja.

Servidos en tiestos de campaña fue bebida la primera en honor de Bolivia por el señor Loyola, cajero fiscal de Antofagasta a quien contestó el coronel Flores. Sucedieron a éste en el uso de la palabra don Lisandro Vignes, sargento mayor de la brigada de artillería, Vicente Hidalgo, de la misma clase del 4º de línea y el comandante don Casto J. Suárez, boliviano.

Todos los discursos abundaron en sentimientos del más acendrado patriotismo y en los de especial gratitud por el digno comportamiento del Gobierno y autoridades bolivianas, al brindarnos en su suelo noble y generosa hospitalidad.

De regreso a la ciudad, el coronel Flores y sus ayudantes, el coronel Camus y los suyos y algunas otras personas fuimos invitados a comer en el hotel Baubillard.

A los postres hacen uso de la palabra los coroneles Flores y Camus, Juárez Juttrrig, primer jefe de la columna Uyuni, Herrera Gandarillas, comandante del Linares, González, secretario de Flores y el autor de estos apuntes.

Se bebe por Chile y Bolivia, por los jefes allí presentes y por la confraternidad americana, con tal tino y tal diplomacia que para nada se toca la actual contienda política que divide a nuestro pobre Chile.

El señor Juttrrig pidió de pie una copa especial para el digno Intendente de la provincia de Antofagasta, don Enrique Villegas, ausente en esos momentos de entre nosotros, recordando sus distinguidas dotes de caballero, de amigo y de mandatario. Este brindis, que fue aplaudido con frenético entusiasmo, lo contestó conmovido profundamente su hijo Eduardo, agradeciendo la manifestación de simpatía de que era objeto su señor padre.

Dejo aquí, en blanco, un punto de íntima confidencia para que me lo recuerde alguna vez el amigo Vicente Subercaseaux.
Terminado el banquete, nos encontramos a la salida del comedor con que varios chilenos pretenden molestarnos aún.
¡Pobres diablos!


ABRIL 5

Se ejecutan los aprestos para la marcha.

Se ha comprado una cantidad de mulas para el transporte de los jefes y oficiales, conducción de cantinas de la ambulancia, equipos, víveres, etc., pero siendo ellas insuficientes, se toma otras alquiladas.

A las 12,30 estamos listos y nos ponemos en camino.

Hemos dejado atrás la ciudad de Uyuni y en ella a sus dignas autoridades, para quien tendremos siempre un recuerdo de gratitud por su generoso comportamiento.

También han quedado allí, y con un palmo de narices, los microscópicos representantes de la revolución, desahogando en el fondo de las copas la rabia que les ha producido el que no hayan podido dejar con ellos ninguno de nuestros soldados a quienes con maña y pomposas ofertas procuraron seducir diariamente.

Ya sabrá el generalísimo Canto que los soldados que defienden el país y la Constitución son incorruptibles, y que en ellos no se reconoce otra palabra de orden que ¡honor y lealtad!

A las 9,30 P. M. llegamos a Amachuma, tambo o posta habitado por unos cuantos indios, que nos han proporcionado vino y frutas diversas a precios exorbitantes y recibiendo nuestras monedas con un 50% de diferencia.

En este lugar acamparemos.


ABRIL 6

Anoche y mientras nos entregábamos al sueño reparador de las fatigas del día, nos sorprendió un fuerte chubasco de agua. Afortunadamente, aquello pasó luego, que de otra manera nuestras pobres humanidades habrían sufrido regulares desperfectos, pues no teníamos un mal techo bajo que guarecernos.

No hemos podido avanzar hoy a causa de que no llegan las carretas que transportaban los víveres y algunos rezagados de la marcha.


ABRIL 7

A las 7 A. M. hemos dejado el campamento y a las 3.30 P. M. llegamos a Palcace.

Este lugarejo es algo parecido a Ainachuma. Como allá, hemos encontrado algunos indios con grandes provisiones de frutas.

El jefe de la división obsequia a la tropa con abundante ración de uvas.


ABRIL 8

Salimos de Palcace a las 8.30 A. M. La jornada de este día ha sido tremenda, pues sólo a las 7.30 P. M. llegamos a Tambillo, habiendo quedado rezagada gran parte de la tropa.

Nos amenaza un frío glacial, superior talvez al de anoche que nos hacía dar diente con diente. Por fortuna hay en el campamento abundante cantidad de leña con la que se comienza a formar enormes fogatas.

Me avisan que desde el trayecto de Uyuni a este campamento han fallecido cuatro o cinco soldados que venían bastante enfermos.

¡Pobres compañeros! Habéis encontrado prematura tumba en medio del desierto; pero el suelo hospitalario de Bolivia guardará cariñoso vuestros restos, mientras la nación chilena dará protección y consuelo a aquellos miembros de vuestras familias que en vano aguardarán vuestro regreso.

ABRIL 9

El frío de anoche fue terrible y el de la mañana infernal, y esto que hemos dormido en medio de grandes fogatas y ajamonándonos con el humo que ellas despiden.

Comienzan a llegar los rezagados, pero no podemos continuar viaje hasta mañana, pues estos tienen que descansar.


ABRIL 10

A las 7 A. M. dejamos el campamento y a las 3.40 P. M. estamos en Atocha.

Este lugarejo posee regular número de edificios construidos de adobe con techos de paja embarrados.

En un costado del pueblecito y al centro de una plaza estrecha e irregular se levanta el santuario de la Virgen de Atocha, que los indios de treinta leguas a la redonda veneran con especial adoración.

Un anciano, que cuida del santuario, me dice que él fue erigido dos siglos atrás por un coronel español de apellido López, cuyo retrato se conserva en la sacristía.

En una de las capillas laterales me sorprendió la vista de cinco o seis calaveras humanas, las cuales supe habían pertenecido a otros tantos gentiles benefactores del santuario, por cuya razón se les conservaba insepultos en aquel sitio.


Atocha pertenece al establecimiento minero de Guadalupe, y años atrás se beneficiaban aquí los metales que producen las distintas minas que posee aquel establecimiento, donde habremos de ir a acampar mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario