MARZO
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A las 9 A.
M. salen los 30 dragones al mando del Fierabrás de la víspera para reemplazar a
los Granaderos y Linares, que acaban de regresar al campamento, en los trabajos
de la línea férrea.
Van a
dirigir estos los comandantes Santiago Herrera Gandarillas y Manuel Saldivia, teniente
Robles y alférez Medina.
A las 11
regresa este último acompañando a don Siegfred Berheuts, jefe del tráfico del
ferrocarril de Tocopilla, que es portador de un pliego protesta del vicecónsul
inglés en aquel puerto. Mr. W. H. Williams, por supuestas prisiones de algunos de sus súbditos
efectuadas por el coronel Camus.
Probablemente
en un momento de profundo sueño, fue sorprendido el vicecónsul de S. M. B. con
tal noticia, y sin meditación ninguna, envió la protesta aludida.
No sé qué
cara pondrá Mr. Williams al saber que sólo en su mente han ocurrido las
prisiones de los empleados de las “Santa Isabel, Anglo Chilian Nitrate
Company”, de los señores Concha y Toro, Walker Martínez y otros de la majada
revolucionaria.
Se
comisiona al comandante Santelices, de la policía de Calama, para que vaya a
Tocopilla a tomar noticias del enemigo.
A las 2.30
P. M. llegaron a la oficina los comandantes Herrera G. y Saldivia y el teniente
Robles, comunicando que el alférez Encina, con sus veinte soldados se había
marchado a Tocopilla a ofrecerlos a la escuadra.
Venía
Encina resuelto a dar este paso desde su salida de Antofagasta, donde según sus
propias expresiones, se había comprometido (¿?) con los revolucionarios.
Antes de
marcharse Encina concibió la idea de asesinar a sus jefes los señores Herrera
G. y Saldivia, como también al teniente Robles, el cual había sido su compañero
de colegio y con el que aún conservaba relaciones de Amistad.
Robles
escapó de las garras del moderno Fierabrás y pudo comunicar lo que ocurría a
Herrera G. y Saldivia, que habían quedado tomando ligero desayuno en la
estación de Puntillas, gracias a lo cual pudieron salvar de un peligro
inminente, regresando a la oficina para comunicar lo ocurrido.
Tras de
ellos y media hora más tarde llega Santelices a pie. El caballo, un hermoso
moro, de propiedad del corrector de Santa Isabel, se lo ha robado el alférez
Encina, quitándoselo a viva fuerza. También se hizo entregar el dinero que
Santelices llevaba consigo y su reloj de plata; enseguida ordena dispararle dos
tiros de carabina, que afortunadamente no le hieren y volviendo la grupa de sus
caballos paren a escape en dirección a Tocopilla, quedando Santelices sólo y a
pie en medio de la pampa.
¡Bien se
inicia el joven Encina en la carrera revolucionaria! ¡Poco o nada tendrán ya que enseñarle sus nuevos
jefes!
A las 3.20
P. M. llega propio de Calama con pliegos para Camus.
Se resuelve
levantar el campamento y ponerse en marcha.
Se sacan
las válvulas y otras piezas de la maquinaria elevadora de salitre que se llevan
con la división.
Esta
operación es dirigida y llevada a efecto por el teniente coronel Urcullu.
A las 9 P.
M. comenzamos la nueva jornada acampando en el Sorronal.
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Hemos
caminado todo el día y acampamos en Chacauce, antiguo establecimiento para
moler metales, que la crecida del Loa del año 84 destruyó por completo.
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Hemos hecho
la primera jornada del día y llegamos a Miscante.
Víctima de
furiosa pulmonía perdimos anoche a uno de nuestros valientes compañeros,
soldado del Buin y ¡coincidencia rara! Se le acaba de sepultar en una fosa que
él descubriera días antes para aprovechar la cruz que la señalaba y el ataúd
que contuvo otros restos a fin de encender una fogata y calentar sus ateridos
miembros.
¡Quién le
dijera que inconscientemente y a remedo de los austeros trapenses habría cavado
por propia mano la tumba llamada a guardar sus despojos fuera de la Patria,
lejos, muy lejos de la familia!
¡Caprichos
de la humana naturaleza!
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Hemos
pernoctado en San Salvador, pequeño descanso y refresco de viajeros, situado
entre las márgenes del río que le da su nombre y el Loa que hemos venido
orillando durante todo el camino.
A las 4.30
P. M. nos ponemos en marcha para acampar a las 12 M. En plena pampa en un
paraje sin nombre conocido.
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A las 9.30
A. M. llegamos a Opache, llamado por los nuestros el campamento de Siberia, a
consecuencia del frío glacial que sintieron allí al pasar la primera noche de
la salida de Calama.
A las 4.30
P. M. llega la división a Calama, donde es esperada por la banda de músicos del
batallón Mulchén, jefes, oficiales del ejército y empleados civiles del pueblo
y de Antofagasta.
Aquí se
comunica que las autoridades y las pocas fuerzas que guarnecían aquella ciudad
se habían retirado de ella el 19 del mes en curso después de sostener el día
antes un reñido tiroteo con el Blanco
Encalada y algunos trasportes de la Escuadra sublevada, durante el cual la
tropa de la brigada de artillería de Antofagasta y un piquete del batallón
Mulchén habían hecho prodigios de valor.
Las fuerzas
de Antofagasta han llegado a Calama sin una pieza de artillería, la división
Camus no posee tampoco esta arma; la caballería no sube de 80 hombres ¿qué
haremos en un caso de ataque del enemigo?
Los cuerpos
llegados de Quillagua se distribuyen en diversos puntos de la población, y el
Estado mayor va a ocupar la casa en que funciona la oficina del Registro Civil,
cedida por su propietario, mi antiguo amigo y colega don J. R. Lira.
Los jefes y
oficiales del Mulchén me ofrecen la casa que ellos ocupan y se disputan entre
sí las atenciones que me prodigan, por cuya razón dejo aquí consignados mis
agradecimientos.
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Se dice que
el capitán de Dragones, don Carlos Valdivieso, mandado con 50 hombres a sofocar
un alzamiento de peones en Caracoles, se ha vendido a los revolucionarios, pero
muchos no dan crédito al rumor. Más bien se acepta la idea de que ha sido
sorprendido y tomado prisionero en el camino.
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No ha
ocurrido nada de nuevo en este día.
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He oído
decir a varios jefes y oficiales que saben positivamente vendrá el enemigo a
atacarnos desde Antofagasta y Tocopilla, y creen los mismos que la resistencia
es imposible por carecer de artillería y caballería, elementos de que disponen
los contrarios.
Anoche se
ha reunido un consejo de oficiales superiores y por mayoría de votos se acordó
permanecer en Calama y preparar la resistencia.
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Se
practican ejercicios militares por los cuerpos de la plaza, y reconocimientos
de campaña fuera de la población.
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Han
circulado en el día diversos rumores sobre salidas de tropas de Antofagasta
para atacarnos.
A las 9 P.
M. los batallones Buin, Andes y Mulchén salen a acamparse a orillas del río,
pues se teme que el enemigo nos prepare una sorpresa. Los demás cuerpos quedan
con el arma al brazo y todos están listos para combatir.
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