MAYO
6
Llegamos a
Río 4º a la 1 A. M. Una inmensa concurrencia llena el andén de la estación. Son argentinos que esperan al general,
ausente desde algunos meses en Buenos Aires, y revolucionarios chilenos que
aguardan a sobornar a nuestros soldados.
Al penetrar
al comedor el hotel, llevado del brazo por el general, un tipo que no alcancé a
distinguir, me arroja a la cara un
puñado de papeles. Alcanzo a tomar uno y veo que es una proclama por medio de
la cual se invita a los nuestros a la deserción.
Los infames
no descansan. Pero su trabajo es perdido. Los rotitos contestan a sus
insinuaciones con el más soberano desprecio, cuando no con palabras duras o con
interjecciones que han hecho peculiar su lenguaje.
A las 3 P.
M. llegamos a Villa Mercedes, donde el distinguido caballero don Juan del
Canto, comisionado del Gobierno de Chile, nos esperaba a comer ese día.
Siguiendo
viaje a continuación divisamos a las 7.35 P. M. las siluetas de la ciudad de
Mendoza y diez minutos después nos bajamos en la gran estación del ferrocarril
trasandino.
Una nueva
comida para oficiales y tropa, preparada por nuestro cónsul don Rufino
Cubillos, y adelante para llegar a Uspallata o a Punta de Rieles, término de la
jornada en ferrocarril.
Debiendo continuar en Mendoza las comisiones
encargadas al amigo Santiago Sanz, resolvimos quedarnos en esta ciudad yendo a
tomar cómodo y confortable alojamiento en el Hotel Andino, el mejor
establecimiento en su género y donde nos sirven del modo más espléndido.
Una escena
original y chispeante se ha desarrollado en los momentos de seguir viaje el
convoy que conduce los diversos cuerpos.
Varios
revolucionarios se acercaron al capitán ayudante de la brigada cívica de
artillería de Antofagasta, don Pedro Carmona, que vestía de paisano, y tomándolo
por un sargento comienzan a hacerle proposiciones para que subleve la tropa a
fin de que no continúe la marcha.
El amigo
Carmona, que es zorro viejo o viejo zorro –para que no se ofenda- conociendo el
error de aquellos tipos, acepta la proposición de lleno y entra en
transacciones.
Les pide
desde luego 5.000 pesos que los revolucionarios ofrecen darle, sin regateo. Se
echan en busca de ellos y después de correr todo Mendoza vuelven a la estación
mohínos y cariacontecidos después de una hora de trajines, sin blanca en los
bolsillos.
Envían otro
grupo en busca de los 5.000 pesos. Mientras que Carmona, o sea el sargento
Rodríguez, que tal dijo llamarse, espera en actitud respetuosa, propia del
individuo de tropa en presencia de caballeros; mas como los buscadores del
dinero tardan en llegar, el sargento Rodríguez pide a los que quedan le den
alguna suma a cuenta para distribuir entre las clases de su cuerpo, mientras llega el total de la que se busca.
Los
revolucionarios, que se han crecido seguros del éxito, reúnen entre todos,
dando vuelta a los bolsillos, hasta 200 pesos que entregan al supuesto
sargento.
Pasa otra
hora, no llegan los buscadores del dinero, suena el pito del tren y parte la
primera División; el ayudante Carmona lleva en sus bolsillos el poco dinero con
que pretendieron sobornarlo y los revolucionarios se quedan con un palmo de
narices.
A poco rato
se convencen éstos, en medio de la rechifla de los espectadores, de la burla de
que han sido objeto.
MAYO 7
Hoy he
tenido el gusto de conocer personalmente al distinguido caballero, notable
escritor público y digno representante de nuestra nación en Mendoza, don Rufino
Cubillos.
Tanto este
caballero como su interesante familia ocupan aquí la más alta posición social y
se hallan rodeados de las consideraciones a que se hace acreedor el talento, la
ilustración y la más pura honradez.
Al llegar a
casa del señor Cubillos lo encontré en su bufete ocupado en preparar las
órdenes para la compra de las provisiones destinadas a nuestra división, redactando
los contratos de compra y arrendamiento de cabalgaduras para la travesía de la
misma por la cordillera y de las múltiples atenciones que le merecen los
nuestros.
El señor
Cubillos ha dado de manos en estos días sus muchos y variados negocios particulares,
ha abandonado sus propios intereses para dedicarse de lleno a los cuidados que
le demandan el tránsito de la División Camus, a cuyos individuos atiende con
solicitud verdaderamente paternal.
Es el señor
Cubillos un diplomático que, a su habilidad en el desempeño de las funciones
que le están encomendadas, une el más acendrado patriotismo y decisión, el
cariño más sincero a la administración del Excmo. señor Balmaceda.
MAYO
8
Hoy ha
llegado la segunda división compuesta de los batallones 4º de línea y Mulchén.
Se les ha agasajado con esplendidez por el señor cónsul, siendo atendidos
personalmente por este caballero, señor Sanz y el que esto escribe, los jefes,
oficiales y soldados.
Los
revolucionarios, que en grupos numerosos concurren a la estación a la llegada
de cada uno de los convoyes conductores de nuestras tropas, han hecho hoy una
magnífica presa.
Por una
cantidad determinada de dinero han logrado la deserción del teniente coronel de
guardias nacionales y ayudante de estado mayor don Carlos Rojas y Arancibia.
Este
oficial, que había sido segundo jefe del batallón San Bernardo, venía procesado por el crimen de cobardía, pues en el combate que las
fuerzas de guarnición en Antofagasta sostuvieron con la escuadra sublevada el 9
de marzo, tuvo miedo y no se atrevió
a batirse con el enemigo y con los sublevados de Talca y san Felipe a quienes
se le mandó atacar.
Buena
alhaja han comprado, pues, los señores de la revolución.
Al
comandante Rojas y Arancibia siguió en la deserción un teniente Alvarez, del
4º, que venía acribillado de deudas, pues, aparte de haber recibido el total de
sus haberes, tenía clavados a la
totalidad de sus compañeros.
Pero no han
logrado quitarnos ni un solo individuo de la tropa. Ya se ve, estos conocen las
leyes del honor mejor que ciertos individuos galoneados. Ellos no son
traidores.
MAYO
9
A las 3 P.
M. ha pasado el batallón Linares para Uspallata, habiéndose detenido en la
estación el tiempo necesario para tomar unas suculentas onces.
A las
oraciones llega el regimiento Buin 1º de línea, que es esperado en la estación
del Trasandino por el señor cónsul de Chile; coronel Reyes, primer jefe del
regimiento argentino 4º de línea; Enrique Villegas, intendente de Antofagasta;
intendente de policía de Mendoza y gran número de distinguidas personas.
A las 10.15
P. M. damos el adiós de despedida a la ciudad de Mendoza, donde quedan los
señores revolucionarios de Chile dados a todos los diablos por no haber podido
desmembrar las filas de nuestros sufridos y leales soldados.
Ninguno ha
querido quedarse en suelo extraño; cada cual ha despreciado las seductoras
ofertas de los enemigos de la patria; y todos, alta la frente y henchido el
corazón de noble entusiasmo, siguen animosos a cruzar las elevadas cumbres que
los separan de la tierra bendita donde vieron la luz primera.
Con una
menuda y persistente lluvia, comenzada a las tres de la tarde, caminamos en
dirección a Uspallata, no sin temer que ello sea el presagio de un temporal que
pueda sorprendernos en plena cordillera.
MAYO
10
Con un día
magnífico y un cielo más puro que el de costumbre llegamos a Uspallata a las 7
A. M., donde hubimos de demorarnos largo rato a consecuencia del cambio de
convoyes que había en la línea, por cuya causa sólo a las 11.15 A. M. pudimos
descender de los vagones en Punta de rieles término de nuestra jornada en
ferrocarriles.
Aquí,
después de almorzada y racionada la tropa, se reparten las cabalgaduras
correspondientes a jefes y oficiales, sobrando algunas para las clases.
Caballeros
en briosos corceles y mansas mulas comenzamos a cruzar la nevada cordillera de
los Andes, llegando a las 4 P. M. a Río Blanco, donde alojaremos esta noche.
MAYO
11
De común
acuerdo los señores Villegas, Sanz, Vega y los empleados civiles que formamos
parte de la división, resolvimos marchar solos adelante y en consecuencia
salimos a las 7.30 A. M., llegando a Punta de Vacas a las 11.15. El Buin viene
a nuestra retaguardia.
A las 5.15
P. M. pasamos por el Puente del Inca, majestuosa obra de la naturaleza, donde
nos detuvimos momentáneamente para saborear la riquísima cerveza de Limache,
bebida la mejor en su género, llegando a las Cuevas a las 7.40 donde
encontramos acampado al batallón Linares que nos había precedido en la marcha.
En este
lugar hemos sido atendidos con verdadera esplendidez por el señor Julio Lillo,
chileno de nacionalidad, que aquí reside desde largos años atrás.
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