domingo, 29 de noviembre de 2015

CRUZANDO LA CORDILLERA

MAYO 6

Llegamos a Río 4º a la 1 A. M. Una inmensa concurrencia llena el andén de la estación. Son argentinos que esperan al general, ausente desde algunos meses en Buenos Aires, y revolucionarios chilenos que aguardan a sobornar a nuestros soldados.

Al penetrar al comedor el hotel, llevado del brazo por el general, un tipo que no alcancé a distinguir, me arroja  a la cara un puñado de papeles. Alcanzo a tomar uno y veo que es una proclama por medio de la cual se invita a los nuestros a la deserción.

Los infames no descansan. Pero su trabajo es perdido. Los rotitos contestan a sus insinuaciones con el más soberano desprecio, cuando no con palabras duras o con interjecciones que han hecho peculiar su lenguaje.

A las 3 P. M. llegamos a Villa Mercedes, donde el distinguido caballero don Juan del Canto, comisionado del Gobierno de Chile, nos esperaba a comer ese día.

Siguiendo viaje a continuación divisamos a las 7.35 P. M. las siluetas de la ciudad de Mendoza y diez minutos después nos bajamos en la gran estación del ferrocarril trasandino.

Una nueva comida para oficiales y tropa, preparada por nuestro cónsul don Rufino Cubillos, y adelante para llegar a Uspallata o a Punta de Rieles, término de la jornada en ferrocarril.

 Debiendo continuar en Mendoza las comisiones encargadas al amigo Santiago Sanz, resolvimos quedarnos en esta ciudad yendo a tomar cómodo y confortable alojamiento en el Hotel Andino, el mejor establecimiento en su género y donde nos sirven del modo más espléndido.

Una escena original y chispeante se ha desarrollado en los momentos de seguir viaje el convoy que conduce los diversos cuerpos.

Varios revolucionarios se acercaron al capitán ayudante de la brigada cívica de artillería de Antofagasta, don Pedro Carmona, que vestía de paisano, y tomándolo por un sargento comienzan a hacerle proposiciones para que subleve la tropa a fin de que no continúe la marcha.

El amigo Carmona, que es zorro viejo o viejo zorro –para que no se ofenda- conociendo el error de aquellos tipos, acepta la proposición de lleno y entra en transacciones.

Les pide desde luego 5.000 pesos que los revolucionarios ofrecen darle, sin regateo. Se echan en busca de ellos y después de correr todo Mendoza vuelven a la estación mohínos y cariacontecidos después de una hora de trajines, sin blanca en los bolsillos.

Envían otro grupo en busca de los 5.000 pesos. Mientras que Carmona, o sea el sargento Rodríguez, que tal dijo llamarse, espera en actitud respetuosa, propia del individuo de tropa en presencia de caballeros; mas como los buscadores del dinero tardan en llegar, el sargento Rodríguez pide a los que quedan le den alguna suma a cuenta para distribuir entre las clases de su cuerpo, mientras llega el total de la que se busca.

Los revolucionarios, que se han crecido seguros del éxito, reúnen entre todos, dando vuelta a los bolsillos, hasta 200 pesos que entregan al supuesto sargento.

Pasa otra hora, no llegan los buscadores del dinero, suena el pito del tren y parte la primera División; el ayudante Carmona lleva en sus bolsillos el poco dinero con que pretendieron sobornarlo y los revolucionarios se quedan con un palmo de narices.

A poco rato se convencen éstos, en medio de la rechifla de los espectadores, de la burla de que han sido objeto.

MAYO 7

Hoy he tenido el gusto de conocer personalmente al distinguido caballero, notable escritor público y digno representante de nuestra nación en Mendoza, don Rufino Cubillos.

Tanto este caballero como su interesante familia ocupan aquí la más alta posición social y se hallan rodeados de las consideraciones a que se hace acreedor el talento, la ilustración y la más pura honradez.

Al llegar a casa del señor Cubillos lo encontré en su bufete ocupado en preparar las órdenes para la compra de las provisiones destinadas a nuestra división, redactando los contratos de compra y arrendamiento de cabalgaduras para la travesía de la misma por la cordillera y de las múltiples atenciones que le merecen los nuestros.

El señor Cubillos ha dado de manos en estos días sus muchos y variados negocios particulares, ha abandonado sus propios intereses para dedicarse de lleno a los cuidados que le demandan el tránsito de la División Camus, a cuyos individuos atiende con solicitud verdaderamente paternal.

Es el señor Cubillos un diplomático que, a su habilidad en el desempeño de las funciones que le están encomendadas, une el más acendrado patriotismo y decisión, el cariño más sincero a la administración del Excmo. señor Balmaceda.


MAYO 8

Hoy ha llegado la segunda división compuesta de los batallones 4º de línea y Mulchén. Se les ha agasajado con esplendidez por el señor cónsul, siendo atendidos personalmente por este caballero, señor Sanz y el que esto escribe, los jefes, oficiales y soldados.

Los revolucionarios, que en grupos numerosos concurren a la estación a la llegada de cada uno de los convoyes conductores de nuestras tropas, han hecho hoy una magnífica presa.

Por una cantidad determinada de dinero han logrado la deserción del teniente coronel de guardias nacionales y ayudante de estado mayor don Carlos Rojas y Arancibia.

Este oficial, que había sido segundo jefe del batallón San Bernardo, venía procesado por el crimen de cobardía, pues en el combate que las fuerzas de guarnición en Antofagasta sostuvieron con la escuadra sublevada el 9 de marzo, tuvo miedo y no se atrevió a batirse con el enemigo y con los sublevados de Talca y san Felipe a quienes se le mandó atacar.

Buena alhaja han comprado, pues, los señores de la revolución.

Al comandante Rojas y Arancibia siguió en la deserción un teniente Alvarez, del 4º, que venía acribillado de deudas, pues, aparte de haber recibido el total de sus haberes, tenía clavados a la totalidad de sus compañeros.

Pero no han logrado quitarnos ni un solo individuo de la tropa. Ya se ve, estos conocen las leyes del honor mejor que ciertos individuos galoneados. Ellos no son traidores.


MAYO 9

A las 3 P. M. ha pasado el batallón Linares para Uspallata, habiéndose detenido en la estación el tiempo necesario para tomar unas suculentas onces.

A las oraciones llega el regimiento Buin 1º de línea, que es esperado en la estación del Trasandino por el señor cónsul de Chile; coronel Reyes, primer jefe del regimiento argentino 4º de línea; Enrique Villegas, intendente de Antofagasta; intendente de policía de Mendoza y gran número de distinguidas personas.

A las 10.15 P. M. damos el adiós de despedida a la ciudad de Mendoza, donde quedan los señores revolucionarios de Chile dados a todos los diablos por no haber podido desmembrar las filas de nuestros sufridos y leales soldados.

Ninguno ha querido quedarse en suelo extraño; cada cual ha despreciado las seductoras ofertas de los enemigos de la patria; y todos, alta la frente y henchido el corazón de noble entusiasmo, siguen animosos a cruzar las elevadas cumbres que los separan de la tierra bendita donde vieron la luz primera.

Con una menuda y persistente lluvia, comenzada a las tres de la tarde, caminamos en dirección a Uspallata, no sin temer que ello sea el presagio de un temporal que pueda sorprendernos en plena cordillera.


MAYO 10

Con un día magnífico y un cielo más puro que el de costumbre llegamos a Uspallata a las 7 A. M., donde hubimos de demorarnos largo rato a consecuencia del cambio de convoyes que había en la línea, por cuya causa sólo a las 11.15 A. M. pudimos descender de los vagones en Punta de rieles término de nuestra jornada en ferrocarriles.

Aquí, después de almorzada y racionada la tropa, se reparten las cabalgaduras correspondientes a jefes y oficiales, sobrando algunas para las clases.

Caballeros en briosos corceles y mansas mulas comenzamos a cruzar la nevada cordillera de los Andes, llegando a las 4 P. M. a Río Blanco, donde alojaremos esta noche.


MAYO 11

De común acuerdo los señores Villegas, Sanz, Vega y los empleados civiles que formamos parte de la división, resolvimos marchar solos adelante y en consecuencia salimos a las 7.30 A. M., llegando a Punta de Vacas a las 11.15. El Buin viene a nuestra retaguardia.

A las 5.15 P. M. pasamos por el Puente del Inca, majestuosa obra de la naturaleza, donde nos detuvimos momentáneamente para saborear la riquísima cerveza de Limache, bebida la mejor en su género, llegando a las Cuevas a las 7.40 donde encontramos acampado al batallón Linares que nos había precedido en la marcha.


En este lugar hemos sido atendidos con verdadera esplendidez por el señor Julio Lillo, chileno de nacionalidad, que aquí reside desde largos años atrás.

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